en-es  An American in Paris? Non, It’s the French President
¿Un americano en París? Non, es el Presidente Francés.

'El espíritu emprendedor es la nueva Francia,' dice Emmanuel Macron. Un filósofo es escéptico.

Por Eliora Katz, The Wall Street Journal, 2 de Julio, 2017 5:11 p.m. ET.

París - '¡Buscando el Macron americano!' tuiteó Bill Kristol del Weekly Standard el otro día, expresando su desdén por los Republicanos y Demócratas. Según el filósofo francés Alain Finkielkraut, el Sr. Kristol debería buscar en París.

Como el Sr. Kristol, quien está en contra de Trump, al Sr. Finkielkraut no le gustaba ninguna opción en la elección presidencial reciente de su país. No tiene ninguna relación con el nacionalismo xenófobo del Frente Nacional de Marine Le Pen. Con respeto al Presidente Emmanuel Macron, es demasiado americano en la opinión del Sr. Finkielkraut.

La foto presidencial oficial del líder nuevo se reveló la semana pasada, y los medios franceses notaron sus semejanzas llamativas a la de Barack Obama de 2012. El Sr. Macron les mandó que unos sequidores tocaran a la puerta de los votadores, una práctica de campaña que es familiar para los americanos pero inaudita aquí. Cuando el presidente canta "La Marseillaise," el himno nacional de Francia, se cierra los ojos y se pone la mano sobre el corazón. "No es nuestra tradición," me dijo el Sr. Finkielkraut, 67, durante una entrevista reciente en su apartamento lleno de libros cerca de Jardin du Luxembourg.

El Sr. Finkielkraut él mismo es un tipo distintamente francés, una celebridad intelectual a lo Régis Debray, Pascal Bruckner o Bernard-Hanri Lévy. Sus quejas del Sr. Macron - y América - se tratan de más que el simbolismo político y ritual. Arguye que Francia efrenta una crisis de civilación, una degeneración de los vínculos sociales cuyos síntomas incluyen un idioma en declive, una incapacidad de integrar a los inmigrantes, un menosprecio de la historia francesa, y un aumento del terrorismo, lo cuál llama "la nueva música ambiente de Europa." Por mucho de esto, culpa al multiculturalismo, una perspectiva que según él fue creada en América. "Francia es una civilización antigua; tiene el derecho de preservarse," dice. "La sociedad multicultural es una sociedad que está en muchos conflictos con sí misma." En particular, grandes oleadas de inmigrantes musulmanes han fallado en adoptar los valores de la república secular, llamados laïcité. El candidato Macron celebró la desunión cultural de Francia, proclamando: "No hay tal cosa como una sola cultura francesa." Para Sr. Finkielkraut, el multiculturalismo es una forma de 'imperialismo' americano - una forma que, por negar el derecho de Francia de mantener su propia identidad, contradice la afirmación que celebra culturas diversas.

"Aceptamos por propia voluntad la sustituición de la lengua francesa por la 'lengua mundial'", lamenta el Sr. Finkielkraut. Para ilustrar, cita la consigna en inglés de la oferta de París para los Juegos Olímpicos de 2024: "Made for sharing." Originalmente usada en un anuncio de Cadbury chocolate, la consigna fue adaptada más tarde por Burgerking para su Pizza Burger cortado en porciones.

Entonces, hay el nuevo programa económico del presidente. "La filosofía de Emmanuel Macron es lo de homo economicus," explica el Sr. Finkielkraut, refiriédnose a la teoría que los motivos del hombre son cuestión de interés propio racional. El Sr. Macron, anteriormente un banquero de inversión, con frecuencia suena menos a de Gaulle que Zuckerberg. El mes pasado, proclamó en Inglés: "Quiero que Francia sea una nación que piensa y se mueva como una nueva empresa." Prometió que el estado francés sería un "plataforma y no una restricción" y añadió: "El espíritu emprendedor es la nueva Francia." La nueva Francia suena mucho a la América antigua, pero el Sr. Finkielkraut no está solo en creer que el país ya se parece a los E.E.U.U. con respeto a sus problemas sociales. Uno de los libros más populares en París es "La Francia Periférica" por Christophe Guilluy que cita la desigualdad creciente entre las ciudades grandes como París y Lyon, los cuáles benefician de la globalización y el resto del país que se ha dejado detrás.

Nunca conocida como una gente feliz, los franceses ahora son la más pesimista en la tierra. Una investigación mundial en 2016 encontró que un 88% de los franceses se sentían que su país se dirige a la dirección equivocada - la tasa más alta de melancolía entre todos los países investigados. Es seguro que el programa rígido de prestaciones sociales y regulación en Francia ha impedido el crecimiento. Pero el Sr. Finkielkraut arguye que lo que su país necesita no es un SIlicon Valley en la Sena, pero un raison d'être - un sentido de confianza en su propósito y estilo de vida.

El Sr. Macron se postulaba por la presidencia con la consigna, "En Marche!" - "¡Adentlante!" o "¡En Marcha!" Es también el nombre de su nuevo partido. Genera la pregunta: En marche où? ¿Adónde?

La Srta. Katz es un Robert L. Bartley Fellow en The Wall Street Journal.
unit 1
An American in Paris?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 2
Non, It’s the French President.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 3
‘Entrepreneurship is the new France,’ says Emmanuel Macron.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 4
One philosopher is skeptical.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 5
By Eliora Katz, The Wall Street Journal, July 2, 2017 5:11 p.m.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 6
ET.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 8
To hear the French philosopher Alain Finkielkraut tell it, Mr. Kristol should look in Paris.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 10
He has no truck with the xenophobic nationalism of Marine Le Pen’s National Front.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 11
As for President Emmanuel Macron, he is far too American for Mr. Finkielkraut’s taste.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 17
His complaints about Mr. Macron—and America—run deeper than political symbolism and ritual.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 19
“France is an old civilization; it has the right to preserve itself,” he says.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 24
Then there is the new president’s economic program.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 26
Mr. Macron, a former investment banker, often sounds less like de Gaulle than Zuckerberg.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 29
Never known as a cheery people, the French are now the most pessimistic on earth.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 31
To be sure, France’s sclerotic welfare and regulatory state has stymied growth.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 34
It begs the question: En marche où?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 35
Where to?
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
unit 36
Ms. Katz is a Robert L. Bartley Fellow at The Wall Street Journal.
1 Translations, 1 Upvotes, Last Activity 1 year, 4 months ago
illustrium • 97  translated  unit 35  1 year, 4 months ago
illustrium • 97  translated  unit 6  1 year, 4 months ago

An American in Paris? Non, It’s the French President.

‘Entrepreneurship is the new France,’ says Emmanuel Macron. One philosopher is skeptical.

By Eliora Katz, The Wall Street Journal, July 2, 2017 5:11 p.m. ET.

Paris - ‘Seeking the American Macron!” the Weekly Standard’s Bill Kristol tweeted the other day, expressing his disdain for Republicans and Democrats. To hear the French philosopher Alain Finkielkraut tell it, Mr. Kristol should look in Paris.

Like the anti-Trump Mr. Kristol, Mr. Finkielkraut didn’t care for either choice in his country’s recent presidential election. He has no truck with the xenophobic nationalism of Marine Le Pen’s National Front. As for President Emmanuel Macron, he is far too American for Mr. Finkielkraut’s taste.

The new leader’s official presidential portrait photo was unveiled last week, and the French media noted its striking resemblance to Barack Obama’s from 2012. Mr. Macron sent supporters to knock on voters’ doors, a campaign practice that is familiar to Americans but was unheard of here. When the president sings “La Marseillaise,” the French national anthem, he closes his eyes and holds his hand over his heart. “This is not our tradition,” Mr. Finkielkraut, 67, told me in a recent interview at his book-lined apartment near Jardin du Luxembourg.

Mr. Finkielkraut himself is a distinctly French type, a celebrity intellectual à la Régis Debray, Pascal Bruckner or Bernard-Henri Lévy. His complaints about Mr. Macron—and America—run deeper than political symbolism and ritual. He argues that France faces a “civilizational” crisis, a degeneration of social bonds whose symptoms include a decaying language, an inability to integrate immigrants, a contempt for French history, and a rise in terrorism, which he calls “the new ambient music of Europe.”

Much of this he blames on multiculturalism, which he sees as a worldview made in America. “France is an old civilization; it has the right to preserve itself,” he says. “The multicultural society is a multi-conflicted society.” In particular, large waves of Muslim immigrants have failed to adopt the values of the secular republic, known as laïcité. Candidate Macron celebrated France’s cultural disunity, proclaiming: “There is no such thing as a single French culture.” To Mr. Finkielkraut, multiculturalism is a form of American “imperialism”—one that, by denying a country like France its right to maintain its particular identity, belies its claim to celebrate diverse cultures.

“We willingly accept the replacement of the French language by ‘Globish,’ ” Mr. Finkielkraut laments. To illustrate, he cites the English-language slogan of Paris’s 2024 Olympic bid: “Made for sharing.” Originally used in a Cadbury chocolate commercial, the slogan was later adapted by Burger King for its wedge-sliced Pizza Burger.

Then there is the new president’s economic program. “Emmanuel Macron’s philosophy is that of homo economicus,” Mr. Finkielkraut explains, referring to the theory that man’s motivations come down to rational self-interest. Mr. Macron, a former investment banker, often sounds less like de Gaulle than Zuckerberg. Last month he proclaimed in English: “I want France to be a nation that thinks and moves like a startup.” He promised the French state would be a “platform and not a constraint” and added: “Entrepreneurship is the new France.”

The new France sounds a lot like the old America, but Mr. Finkielkraut isn’t alone in thinking the country already resembles the U.S. in its social problems. One of the most popular books in Paris is Christophe Guilluy’s “The Peripheral France,” which cites growing inequality between big cities like Paris and Lyon, which benefit from globalization, and the left-behind rest of the country.

Never known as a cheery people, the French are now the most pessimistic on earth. One 2016 global poll found 88% of Frenchmen felt their country was heading in the wrong direction—the highest rate of gloom among all nations surveyed. To be sure, France’s sclerotic welfare and regulatory state has stymied growth. But Mr. Finkielkraut argues that what his country needs isn’t a Silicon Valley on the Seine, but a raison d’être—a sense of confidence in its purpose and way of life.

Mr. Macron ran on the slogan, “En Marche!”— “Forward!” or “On the Move!” That’s also the name of his new party. It begs the question: En marche où? Where to?

Ms. Katz is a Robert L. Bartley Fellow at The Wall Street Journal.