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Diario de Montreal

En Montreal, ¿un Muro de Berlín de la mente?

Por Dan Bilefsky, The New York Times, 5 de marzo de 2018.

MONTREAL - Sobre un lado de una gran plaza cerca del viejo puerto de Montreal hay una escultura de una francesa en un traje de Chanel, sujetando un caniche y mirando con desagrado al Bank of Montreal, un antiguo símbolo del dominio colonial británico, construido en 1847.

Sobre el extremo opuesto, un inglés pulcro, fundido en bronce, sostiene un doguillo y mira fijamente con condescendencia la Basílica de Notre Dame, un emblema de la influencia del Quebec francés bajo la Iglesia Católica Romana.

El caniche y el doguillo se miran mutuamente embobados.

Las esculturas son una metáfora poderosa para esta ciudad, que durante mucho tiempo ha estado polarizada por lo que el destacado novelista canadiense Hugh MacLennan ha llamado las 'Dos Soledades' -la percepción, justificada o no, que los francófonos y los anglófonos de Quebec cohabitan dificilmente.

Recientemente volví a Montreal después de 28 años en el extranjero, intrigado por descubrir si las dos soledades existían todavía.

Después de todo, hoy Montreal, que refleja un Canadá multicultural y bilingüe, es una metrópoli importante de alrededor de 1,8 millones de personas en la provincia de Quebec, moldeada por las fuerzas de la globalización y la inmigración.

Sin embargo, las luchas culturales de larga data de Quebec sobre el lenguaje aún fermentan. Y la ciudad, con su minoría anglófona y su mayoría francófona rodeada por una mayoría anglófona en el resto del país, permanece algo bifurcada.

Aún así, si las divisiones persistentes permanecen, parecen estar predominantemente a lo largo de las líneas generacionales.

Cuando llegué a la mayoría de edad en la década de 1980 alrededor de Westmount, un enclave tradicionalmente anglófono en la ladera suroeste del Mount Royal que le dio al mundo Leonard Cohen, Quebec acababa de ser abrumado por un referéndum sobre la independencia, y miles de quebequenses de habla inglesa estaban abandonando la provincia.

Las señales de detención en mi vecindario fueron rutinariamente vandalizadas para decir "Arrête 101" o "Stop 101", una referencia a la ley 101, una ley de 1977 que convirtió al francés en el idioma oficial del gobierno y los tribunales de Quebec, y requiere que la tipografía en francés sea el doble de grande que la inglesa en las señales públicas y que los inmigrantes envíen a sus hijos a las escuelas exclusivas para francófonos.

Mientras estudiaba Flaubert, aprendí la historia de Quebec en la escuela y charlaba en francés durante la práctica de hockey, hablaba inglés en casa, veía comedias estadounidenses y vivía en un universo separado pero paralelo al de mis compañeros franco-canadienses.

Avanzamos tres décadas, y el separatismo está en gran medida en retirada. Uno de cada cuatro anglofónos en Quebec, se casa con quebequesas francesas.

Vivo en Plateau-Mont-Royal, un distrito principalmente francófono en el este de Montreal. Veintitantos comerciantes francófonos me contestan en inglés fluido cuando los abordo en francés, y los residentes de todas las creencias lingüísticas parecen más obsesionados por su búsqueda por el latte perfecto que si pide en la lengua de Shakespeare o Molière.

Los datos de un censo reciente muestran que el 45 por ciento de la gente en Quebec habla tanto francés como inglés.

Xavier Dolan, 28, uno de los más destacados directores de película en Quebec-y Canada- recuerda que cuando sus padres vivían en el distrito principalmente anglófono de NDG, en la década de 1980, su madre estaba impaciente por irse porque los anglófonos la provocaban diciéndole de ''hablar blanco'', un insulto para denigrar los que hablaban otras lenguas en público. La generación de hoy, dijo, había descartado los complejos de sus padres.

"Hay un cambio en la generación más joven", dijo. "En mi caso, inglés significaba Hollywood, era película, era 'Titanic', así que quería hablar inglés lo más rápido que pudiera". Brian Myles, editor de Le Devoir, el influyente periódico de tendencia izquierdista de Quebec, argumentó que las "dos soledades" eran cosa del pasado.

"Hoy los franceses hablan inglés y los ingleses hablan francés, y eso no existía cuando tenían las dos soledades", dijo.

Pero también advirtió que las leyes sobre idiomas seguían siendo necesarias para proteger el idioma y la cultura francesa en Quebec porque la globalización e Internet están erosionando el idioma.

Serpenteando por el corazón de Montreal está St. Laurent Boulevard, una calle larga y llena de edificios de departamentos, salpicada de exquisiteces judías, tugurios de rotiserías de pollo portuguesas y antiguos burdeles reencarnados como condominios de lujo. Históricamente, los francófonos vivían al este de St. Laurent, mientras que los anglófonos vivían al oeste.

Hoy, grupos de estudiantes franceses, ingleses, chinos e indios se sientan encorvados sobre computadoras en los cafés, chateando en Facebook o escribiendo por Twitter.

Pero... persiste un Muro de Berlín de la mente.
Mientras que la generación más joven de residentes anglófonos pronunciará con confianza "St.-Laurent", algunos de sus padres se aferran tercamente a "St. Lawrence". Mientras los anglosajones leen The Montreal Gazette o recurren a la CBC por sus noticias, los francófonos leen La Presse o Le Devoir o miran TVA. Pronuncie el nombre de Xavier Dolan o Marie Mai, una cantante de Quebec tremendamente popular, ante un angloparlante de Montreal, y correrá el riesgo de ser recibido con una mirada inexpresiva.

Es tabú hablar de las dos soledades, porque se supone que pretendemos que todos nos llevamos bien cuando, en muchos aspectos, aún estamos separados", dijo Heather O'Neill, novelista anglófona de Montreal, que ha explorado audazmente el submundo decadente de la ciudad desde la perspectiva de personajes de quebequeses francófonos.

Cuando su hija tenía 9 años, la Sra. O'Neill la envió a una escuela primaria francesa, donde, recordó, una maestra la reprendió a ella por hablar en inglés con una niña rusa en el patio de la escuela.

Además están las fisuras políticas.

Los votantes en todos los distritos al oeste de St. Laurent Boulevard han apoyado al partido Liberal federalista de Quebec en la última década, según los datos de votación del Director General de Elecciones de Quebec.

La mitad de los distritos al este, donde vive la mayoría de los francófonos de Montreal, han sido ganados por partidos separatistas como el Parti Québécois o, más recientemente, el izquierdista Québec Solidaire.

En diciembre, los legisladores provinciales aprobaron por unanimidad una resolución que pedía a los comerciantes que dejaran de decir "Bonjour-hi" cuando saludan a los clientes y decir en su lugar solamente "Bonjour".

Mientras tanto, Valérie Plante, la progresista alcaldesa de Montreal, fue recientemente criticada por publicar en inglés aspectos destacados del presupuesto de la ciudad.

"¡Uno pensaría que estábamos en el Parlamento en Ottawa, en lugar de en el Ayuntamiento de Montreal, una metrópolis de Quebec!", criticó Maxime Laporte, presidente de la Sociedad Saint-Jean-Baptiste, una organización dedicada a preservar la cultura francesa.

Chloe Molson, estudiante universitaria con madre francófona y padre anglófono, dijo que cuando esporádicamente usaba el inglés para saludar a los clientes en el supermercado de Westmount donde trabaja a tiempo parcial, a veces la reprendían.
"Una mujer me dijo: '¡¿No entiende francés? !'", dijo.
Pero sus amigos anglosajones a veces sienten pánico cuando se les habla en francés.

Aún así, caminar por St. Laurent Boulevard muestra la unidad, no la división de la ciudad.

Lenny Lighter, el dueño de Moishes's, un legendario restaurante especializado en carnes en el bulevar, que su padre, Moishe, ganó en un juego de póker en 1938, recordó que cuando estaba creciendo en la década de 1950, la mayoría de los clientes de Moishes's eran inmigrantes judíos de habla inglesa. Hoy, señaló con orgullo, el restaurante alberga cada semana docenas de jóvenes quebequeses francófonos.

"Todavía hay personas de ambos lados que no pueden hablar entre sí, pero en la vida cotidiana las barreras han bajado". Algunas calles más al este de la Avenue du Mont-Royal, Marie Bouchard, de 23 años de edad, ex estudiante de Ciencias Políticas en la Université de Montreal, estaba comiendo un sándwich en un café.

Ella dijo que su programa de televisión favorito era la serie de ciencia ficción británica "Black Mirror", mientras que le gustaba la música pop de French Quebecois y adoraba a su gran grupo de amigos anglosajones.

"Me gusta el francés, es mi idioma", dijo, y agregó rápidamente: "Pero si solo hablara francés, limitaría mis horizontes". Jasmin Lavoie contribuyó con los informes. https://www.nytimes.com/2018/03/05/world/canada/montreal-french-english-divide.html
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MONTREAL JOURNAL.
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By Dan Bilefsky, The New York Times, March 5, 2018.
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The poodle and the pug stare longingly at each other.
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Yet Quebec’s longstanding cultural battles over language still simmer.
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Fast-forward three decades, and separatism is largely in retreat.
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One in four Anglophones in Quebec marry French Quebecers.
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I live on Plateau-Mont-Royal, a predominantly Francophone neighborhood in the east of Montreal.
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Recent census figures show that 45 percent of people in Quebec speak both French and English.
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Today’s younger generation, he said, had discarded the hang-ups of their parents.
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“There is a shift in the younger generation,” he said.
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Historically, Francophones lived to the east of St. Laurent while Anglophones lived to the west.
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But — a Berlin Wall of the mind lingers.
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Then there are the political fissures.
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“One woman said to me, ‘Don’t you understand French?
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!’” she said.
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But her Anglo friends sometimes become panicked when addressed in French.
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Still, walking down St. Laurent Boulevard shows the unity, not the division of the city.
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Today, he proudly noted, the restaurant hosts dozens of young French Quebecois each week.
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MONTREAL JOURNAL.

In Montreal, a Berlin Wall of the Mind?

By Dan Bilefsky, The New York Times, March 5, 2018.

MONTREAL — On one side of a grand square near the old Port of Montreal is a sculpture of a Frenchwoman in a Chanel suit, clasping a poodle and sneering at the Bank of Montreal, a former symbol of British colonial rule built in 1847.

On the opposite end, a dapper Englishman, cast in bronze, holds a pug and stares condescendingly at Notre-Dame Basilica, an emblem of French Quebec’s influence under the Roman Catholic Church.

The poodle and the pug stare longingly at each other.

The sculptures are a powerful metaphor for this city, which has long been polarized by what the celebrated Canadian novelist Hugh MacLennan called the “Two Solitudes” — the perception, fairly or not, that French- and English-speaking Quebecers coexist uneasily.

I recently returned home to Montreal after 28 years abroad, curious to discover whether the two solitudes still existed.

After all, Montreal today, reflecting a bilingual multicultural Canada, is a swaggering metropolis of about 1.8 million people in the province of Quebec, shaped by the forces of globalization and immigration.

Yet Quebec’s longstanding cultural battles over language still simmer. And the city — with its Anglophone minority and Francophone majority surrounded by an Anglophone majority in the rest of the country — itself remains somewhat bifurcated.

Still, if lingering divisions remain, they appear to be predominantly along generational lines.

When I came of age in the 1980s around Westmount, a traditionally Anglophone enclave on the southwestern slope of Mount Royal that gave the world Leonard Cohen, Quebec had just been consumed by a referendum on independence, and thousands of English-speaking Quebecers were leaving the province.

The stop signs in my neighborhood were routinely vandalized to say “Arrête 101,” or Stop 101, a reference to Bill 101, a 1977 law that made French the official language of government and courts in Quebec, and requires that French lettering be twice as big as English on public signs and that immigrants send their children to French-only schools.

While I studied Flaubert, learned Quebec’s history at school and bantered in French during hockey practice, I spoke English at home, watched American sitcoms and lived in a separate but parallel universe from my French-Canadian peers.

Fast-forward three decades, and separatism is largely in retreat. One in four Anglophones in Quebec marry French Quebecers.

I live on Plateau-Mont-Royal, a predominantly Francophone neighborhood in the east of Montreal. Twentysomething Francophone shopkeepers answer me in fluent English when I address them in French, and residents of all linguistic persuasions seem more obsessed by their search for the perfect latte than whether you order it in the language of Shakespeare or Molière.

Recent census figures show that 45 percent of people in Quebec speak both French and English.

Xavier Dolan, 28, one of Quebec’s — and Canada’s — most celebrated film directors, recalled that when his parents lived in the predominantly Anglophone neighborhood of NDG in the 1980s, his mother couldn’t wait to leave because she was taunted by Anglophones telling her to “speak white,” a slur used to denigrate those speaking other languages in public. Today’s younger generation, he said, had discarded the hang-ups of their parents.

“There is a shift in the younger generation,” he said. “In my case, English meant Hollywood, it was film, it was ‘Titanic,’ so I wanted to speak English as quickly as I could.”

Brian Myles, the editor of Le Devoir, the influential left-leaning Quebecois daily, argued that the “two solitudes” were a thing of the past.

“Today the French speak English and the English speak French, and that didn’t exist when you had the two solitudes,” he said.

But he also cautioned that language laws were still necessary to protect French language and culture in Quebec because globalization and the internet are eroding the language.

Snaking through the heart of Montreal is St. Laurent Boulevard, a long and storied street peppered with Jewish delis, Portuguese chicken rotisserie joints and former brothels reincarnated as luxury condominiums. Historically, Francophones lived to the east of St. Laurent while Anglophones lived to the west.

Today, gaggles of French, English, Chinese and Indian students sit hunched over computers at cafes, chatting on Facebook or writing on Twitter.

But — a Berlin Wall of the mind lingers.
While the younger generation of Anglophone residents will confidently pronounce “St.-Laurent,” some of their parents stubbornly cling to “St. Lawrence.”

While Anglos read The Montreal Gazette or turn to the CBC for their news, Francophones read La Presse or Le Devoir or watch TVA. Utter the name Xavier Dolan or Marie Mai, a wildly popular Quebec singer, to an Anglophone Montrealer, and you risk being greeted by a blank stare.

“It is taboo to talk about the two solitudes, because we are supposed to pretend that we all get along when we are, in many ways, still separate,” said Heather O’Neill, a Montreal-based Anglophone novelist, who has daringly explored the city’s decadent underworld from the perspective of French Quebecois characters.

When her daughter was 9 years old, Ms. O’Neill sent her to a French elementary school, where, she recalled, she was chided by a teacher for speaking English with a Russian girl in the schoolyard.

Then there are the political fissures.

Voters in all the districts west of St. Laurent Boulevard have supported the federalist Liberal party of Quebec over the past decade, according to voting data from Quebec’s Director General of Elections.

Half of the districts to the east, where a majority of Francophone Montrealers live, have been won by separatist parties like the Parti Québécois or, more recently, the leftist Québec Solidaire.

In December, provincial legislators unanimously passed a resolution calling for shopkeepers to stop saying “Bonjour-hi” when they greet customers and to say simply “Bonjour” instead.

Meanwhile, Valérie Plante, the outward-looking mayor of Montreal, was recently criticized for releasing highlights of the city’s budget in English.

“You’d think we were at the Parliament in Ottawa, rather than Montreal City Hall, a Quebec metropolis!” fumed Maxime Laporte, the president of the Saint-Jean-Baptiste Society, an organization devoted to preserving French culture.

Chloe Molson, a university student with a Francophone mother and an Anglophone father, said that when she sometimes used English to greet customers at the Westmount supermarket where she works part-time, they sometimes rebuked her.
“One woman said to me, ‘Don’t you understand French?!’” she said.
But her Anglo friends sometimes become panicked when addressed in French.

Still, walking down St. Laurent Boulevard shows the unity, not the division of the city.

Lenny Lighter, the owner of Moishes’s, a fabled steakhouse on the boulevard, which his father, Moishe, won in a poker game in 1938, recalled that when he was growing up in the 1950s, most of Moishes’s customers were English-speaking Jewish immigrants. Today, he proudly noted, the restaurant hosts dozens of young French Quebecois each week.

“You still have people on both sides who can’t talk to one another, but in everyday life the barriers have come down.”

A few streets farther east on Avenue du Mont-Royal, Marie Bouchard, a 23-year-old political science student at Université de Montréal, was munching on a sandwich at a cafe.

She said her favorite television show was the British science fiction series “Black Mirror,” while she loved French Quebecois pop music and adored her large group of Anglo friends.

“I love French, it’s my language,” she said, quickly adding, “But if I only spoke French, it would limit my horizons.”

Jasmin Lavoie contributed reporting. https://www.nytimes.com/2018/03/05/world/canada/montreal-french-english-divide.html