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La ganancia en España, El Economista, 7 de Junio de 2018

Los Populismos de izquierda y de derecha están en aumento en Europa. A pesar de su turbulencia política, España es diferente.

Aunque con pocos días, Junio ha sido cruel para la Unión Europea. En Italia, el 1ero de Junio, el primer gobierno populista fue formado desde la Segunda Guerra Mundial. Reúne en extraña conjunción al Movimiento inconformista de Cinco Estrellas de izquierdas, un partido fundado hace nueve años por un comediante de televisión, y los nativistas de extrema derecha de la Liga del Norte. También el 1 de junio Mariano Rajoy, el primer ministro de España, fue despachado en un voto de confianza que ha llevado al poder a un gobierno minoritario aún más estrecho bajo Pedro Sánchez (en la foto). Sus socialistas controlan solo el 24% de la cámara baja.

No es la primera vez que España e Italia parecen sombra entre sí a través del tumulto económico y político. Uno o ambos gobiernos pueden ser de corta duración. Y los mercados nerviosos han aumentado los rendimientos de los bonos de ambos países. Pero allí las similitudes terminan. España en estos días aparece como un punto brillante, a diferencia de Italia, la cual tiene mucho que aprender de su primo ibérico.

De los dos estados del sur europeo, España tuvo por lejos la peor crisis financiera del 2008. Su burbuja inmobiliaria estalló, afectando a los bancos y causando un desempleo masivo que llegó al 26%. En el 2012 fue rescatada por sus aliados europeos, en contraste a Italia que logró mantenerse. A pesar de estos problemas, o más bien, debido a ellos, España ha tenido la mejor recuperación. Redujo su déficit presupuestario, limpió sus bancos y liberó su mercado laboral. Gracias al crecimiento que ha excedido el 3% por año desde el 2015, la producción de España está ahora por encima del nivel anterior a la crisis. En contraste, Italia, ha sido lenta en lidiar con las pérdidas en sus bancos, y sus reformas del mercado laboral han sido muy tímidas. Su recuperación está entre las más débiles de la zona euro, y la producción aún languidece por debajo del pico previo a la crisis.

Contracción y expansion.

La diferencia yace en el liderazgo político. En diferentes maneras, el Sr. Rajoy ha servido bien a su país. Asumando su mandato en diciembre de 2011, en los dientes de la crisis, administró medicina dura consistentemente. Hasta este mes, un notable superviviente político, ha logrado mantener el poder sin una mayoría parlamentaria por dos años y medio.

Él tuvo sus limitaciones. Su terquedad le significó no poder detener el drama en Cataluña convirtiéndola en una crisis, culminando en una declaración de independencia unilateral el pasado mes de octubre. Eso provocó el gobierno directo de Madrid, levantado solo ahora que los separatistas, que ganaron las elecciones regionales en diciembre, finalmente han acordado un nuevo gobierno. Sobre todo, el Sr. Rajoy nunca podría arrojar la sombra de los viejos escándalos de corrupción en su Partido Popular. Un veredicto judicial sobre algunos de estos desencadenó la moción de censura que lo destruyó.

Sin embargo él deja España en mejor forma que Italia- no solo económicamente sino políticamente. El gran problema de Italia es que el electorado ha perdido confianza en las principales corrientes políticas. Más de la mitad de los votantes de la elección en marzo eligieron partidos de los extremos políticos. Italia no ha tenido un equivalente al presidente francés, Emmanuel Macron, para reconstituir el centro astillado.

En España, también, los partidos establecidos han sufrido a manos de los insurgentes. Uno nuevo, Podemos, es anticapitalista y de izquierdas (quiere suprimir las reformas laborales, entre otras cosas), pero ha alcanzado con dificultad el 20% de los votos. Por otro lado, el otro recién llegado, Ciudadanos, es ampliamente liberal y un tanto tecnócrata. Pertenece al centro y se ha convertido en el partido más popular del país. De manera decisiva, España no tiene ningún movimiento de derecha nacionalista, a diferencia de Italia , Francia, y otros muchos países, incluyendo Polonia y Hungría. Sin duda, la tolerancia hacia los refugiados y emigrantes ha sido un hecho notable de la democracia española.

Nos esperan dificultades. El desempleo, y el stock de deuda, son todavía muy altos. La crisis catalana continúa enconándose. Pero el Sr. Sánchez promete mantener tanto los presupuestos del antiguo gobierno y, parece, su reforma laboral. También parece mejor apuesta que el testarudo Sr. Rajoy para explorar soluciones políticas en Cataluña. En su momento, esto puede requerir nuevos cambios constitucionales. El progreso no será fácil, y el señor Sánchez puede que no llegue lejos antes de que su débil posición parlamentaria lo haga descarrilar. Pero la política de España parece más estable que la de Italia, con sus partidos principales que desaparecen y la pantomima de los populistas en el gobierno. Las duras reformas y la recuperación económica han prevenido una mayor inestabilidad política. Por lo tanto, al menos, los españoles deben "muchas gracias" al adusto Rajoy.
https://www.economist.com/leaders/2018/06/07/what-spain-owes-the-ejected-mariano-rajoy
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The gain in Spain, The Economist, June 7, 2018.
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Populists of left and right are on the rise in Europe.
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Despite its political turbulence, Spain is different.
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Though only a few days old, June has been cruel to the European Union.
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In Italy, on June 1st, the first all-populist government was formed since the second world war.
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His Socialists control only 24% of the lower house.
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Either or both governments may be short-lived.
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And nervous markets have pushed up the bond yields of both.
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But there the similarities end.
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Of the two southern European states, Spain had by far the worse financial crisis of 2008.
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Despite these problems or, more likely, because of them, Spain has had the better recovery.
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It reduced its budget deficit, cleaned up its banks and freed its labour market.
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Bust and boom.
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The difference lies in political leadership.
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In many ways, Mr Rajoy has served his country well.
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He had his limitations.
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A court verdict on some of these triggered the censure motion that destroyed him.
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Well over half the voters at the election in March chose parties from the political extremes.
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In Spain, too, established parties have suffered at the hands of insurgents.
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It belongs to the centre and has become its country’s most popular party.
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Difficulties lie ahead.
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Unemployment, and the debt stock, are still too high.
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The Catalan crisis continues to fester.
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In due course, these may require new constitutional changes.
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Hard reform and economic recovery have prevented greater political instability.
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For that, at least, Spaniards owe muchas gracias to dour Mr Rajoy.
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The gain in Spain,

The Economist, June 7, 2018.

Populists of left and right are on the rise in Europe. Despite its political turbulence, Spain is different.

Though only a few days old, June has been cruel to the European Union. In Italy, on June 1st, the first all-populist government was formed since the second world war. It brings together in bizarre conjunction the maverick left-wing Five Star Movement, a party founded nine years ago by a television comedian, and the hard-right nativists of the Northern League. Also on June 1st Mariano Rajoy, Spain’s prime minister, was dispatched in a confidence vote that has brought to power an even narrower minority government under Pedro Sánchez (pictured). His Socialists control only 24% of the lower house.

Not for the first time, Spain and Italy appear to shadow each other through economic and political tumult. Either or both governments may be short-lived. And nervous markets have pushed up the bond yields of both. But there the similarities end. Spain these days counts as a bright spot, unlike Italy, which has much to learn from its Iberian cousin.

Of the two southern European states, Spain had by far the worse financial crisis of 2008. Its property bubble burst, crippling the banks and causing mass unemployment that peaked at 26%. In 2012 Spain was bailed out by its European partners, in contrast to Italy which managed to hold on. Despite these problems or, more likely, because of them, Spain has had the better recovery. It reduced its budget deficit, cleaned up its banks and freed its labour market. Thanks to growth that has exceeded 3% a year since 2015, Spain’s output is now above its pre-crisis level. Italy, by contrast, has been slow to deal with the losses at its banks, and its labour-market reforms have been timid. Its recovery is among the weakest in the euro zone, and output still languishes below the pre-crisis peak.

Bust and boom.

The difference lies in political leadership. In many ways, Mr Rajoy has served his country well. Taking office in December 2011, in the teeth of the crisis, he administered tough medicine consistently. Until this month a remarkable political survivor, he had managed to hold on to power without a parliamentary majority for two and a half years.

He had his limitations. His pigheadedness meant that he could not stop the drama in Catalonia from turning into a crisis, culminating in a unilateral declaration of independence last October. That prompted direct rule from Madrid, lifted only now that the separatists, who won a regional election in December, have at last agreed on a new government. Above all, Mr Rajoy could never throw off the shadow of old corruption scandals in his People’s Party. A court verdict on some of these triggered the censure motion that destroyed him.

Yet he leaves Spain in better shape than Italy—not just economically but politically. Italy’s big problem is that the electorate has lost confidence in mainstream politics. Well over half the voters at the election in March chose parties from the political extremes. Italy has had no equivalent of France’s president, Emmanuel Macron, to reconstitute the splintered centre.

In Spain, too, established parties have suffered at the hands of insurgents. One new lot, Podemos, is anti-capitalist and left-wing (it wants to scrap the labour reforms, among other things), but it has struggled to reach 20% in polls. By contrast, the other newcomer, Ciudadanos, is broadly liberal and somewhat technocratic. It belongs to the centre and has become its country’s most popular party. Crucially, Spain has no significant movement on the nationalist right, unlike Italy, France and many others, including Poland and Hungary. Indeed, tolerance of refugees and migrants has been an impressive feature of Spanish democracy.

Difficulties lie ahead. Unemployment, and the debt stock, are still too high. The Catalan crisis continues to fester. But Mr Sánchez promises to maintain both the old government’s budget and, it seems, its labour reform. He also looks a better bet than the stubborn Mr Rajoy to explore political solutions in Catalonia. In due course, these may require new constitutional changes. Progress will not be easy, and Mr Sánchez may not get far before his weak parliamentary position derails him. But Spain’s politics look more stable than Italy’s, with its fading mainstream parties and the pantomime-horse of populists in government. Hard reform and economic recovery have prevented greater political instability. For that, at least, Spaniards owe muchas gracias to dour Mr Rajoy.
https://www.economist.com/leaders/2018/06/07/what-spain-owes-the-ejected-mariano-rajoy