en-es  The Island of Doctor Moreau-Ch.1
Capítulo 1: En el bote del "Lady Vain". No me propongo añadir nada a lo que ya se ha escrito con respecto a la pérdida del "Lady Vain".
Como todo el mundo sabe, chocó contra un barco abandonado diez dias después de zarpar de Callao.
La lancha, con una tripulación de siete, fue recogida dieciocho días después por el cañonero H.M. "Myrtle", y la historia de sus privaciones terribles se ha vuelto tan bien conocida como el caso mucho peor de la "'Medusa"
Pero tengo que añadir otra a la historia publicada del ''Lady Vain'', posiblemente tan horrible y mucho más extraña.
Hasta el momento se suponía que los cuatro hombres que estaban en el bote fallecieron, pero esto no es correcto.
Tengo la mejor evidencia para decir esto: yo era uno de los cuatro hombres.
Pero en primer lugar debo afirmar que nunca hubo cuatro hombres en el bote--el número era tres.
Constans, a quien "el capitán vio saltar en el bote", por suerte para nosotros y desgraciadamente para él, no nos alcanzó.
Él descendió de la maraña de cuerdas bajo los estayes del bauprés destrozado, alguna pequeña cuerda le apresó el talón cuando se iba, y por un momento colgó cabeza abajo y luego se cayó y golpeó un bloque o al mástil flotando en el agua.
Tiramos hacia él, pero nunca subió.
Digo por suerte para nosotros él no nos alcanzó, y casi podría decir afortunadamente para él; ya que nosotros teníamos con nosotros solo un pequeño barril de agua y algunos bizcochos marineros empapados, tan repentina había sido la alarma, tan desprevenido el barco para cualquier desastre.
Pensamos que la gente en la lancha tendría mejores provisiones (aunque parece que no fue así), e intentamos llamarles.
Ellos no pudieron habernos oído, y la mañana siguiente, cuando despejó la llovizna, - que no fue antes de pasado el mediodía- nosotros no pudimos ver nada de ellos.
No pudimos ponernos de pie para mirar alrededor por el cabeceo del bote.
Los otros dos hombres que habían escapado hasta aquí conmigo eran un hombre llamado Helmar, un pasajero como yo, y un marinero cuyo nombre no conozco, un hombre bajo y robusto, con tartamudeo.
Ibamos a la deriva, hambrientos, y después de que se nos hubo acabado nuestra agua, atormentados por una sed inaguantable, durante ocho días en total.
Después del segundo día, el mar amainó lentamente hasta una calma diáfana.
Es totalmente imposible para el lector normal imaginarse esos ocho días.
No tiene, afortunadamente para sí mismo, nada en su memoria para imaginárselo.
Después del primer día nos hablábamos poco, nos colocamos en nuestro lugar en el bote y mirábamos el horizonte, o mirábamos, con los ojos más grandes y más demacrados cada día, la tristeza y la debilidad que se apoderaban de nuestros compañeros.
El sol se volvió despiadado.
El agua se acabó el cuarto día, y ya estábamos pensando cosas extrañas y diciéndolas con los ojos; pero creo que fue el sexto antes de que Helmar dijera lo que todos pensábamos.
Recuerdo que nuestras voces eran secas y débiles, de modo que nos inclinábamos el uno hacia el otro y ahorrábamos palabras.
Yo me opuse públicamente contra ello con todas mis fuerzas; por el contrario, estaba por hundir el bote y perecer juntos entre los tiburones que nos seguían; pero cuando Helmar dijo que si su oferta fuera aceptada tendríamos bebida, el marinero estuvo de acuerdo.
Yo no echaría a suertes sin embargo; por la noche el marinero cuchicheó a Helmar una y otra vez, y me senté en la proa con mi navaja en la mano, aunque dudaba si tendría en mí la fuerza para luchar; por la mañana estuve de acuerdo con la oferta de Helmar y lanzamos el medio penique para elegir al hombre.
Le tocó al marinero; pero él era el más fornido de todos y no iba a tolerar el resultado, y atacó a Helmar con las manos.
Forcejearon cuerpo a cuerpo y casi se pusieron de pie. Yo gateé a lo largo del bote hacia ellos, pensando ayudar a Helmar sujetando la pierna del marinero; pero el marinero tropezó debido al cabeceo del bote, y los dos juntos cayeron por la borda
Se hundieron como piedras.
Recuerdo reírme de eso, y preguntarme por qué había reído.
La risa se apoderó repentinamente de mí sin que pudiera evitarlo.
Me eché sobre una de las bancadas durante no sé cuánto tiempo, pensando en que, si tuviera el valor, tomaría agua de mar hasta volverme loco, para morir rápidamente.
Y mientras estaba allí echado vi, con tan poco interés como si fuera un cuadro, una vela que se acercaba hacia mí desde la línea del horizonte.
Mi mente debe haber estado divagando, y aún recuerdo todo lo que pasó, muy claramente.
Recuerdo cómo mi cabeza se mecía con el mar, y el horizonte con la vela encima de él que subía y bajaba; pero también recuerdo tan claramente que estaba persuadido de que estaba muerto, y que pensé que era una ironía que vinieran demasiado tarde por tan poco para encontrarme vivo.
Durante un período que me pareció infinito, puse mi cabeza sobre la bancada observando la goleta (era un barco pequeño, con aparejos de goleta en proa y en popa) que se acercaba y surgía del mar.
Seguía moviéndose de un lado a otro a un compás creciente, porque navegaba contra el viento.
Nunca se me ocurrió llamar la atención, y no recuerdo nada claramente después de ver su costado hasta que me encontré en una pequeño camarote en popa.
Tengo un vago recuerdo de haber sido izado hasta la pasarela, y de un gran semblante redondo cubierto de pecas y rodeado de cabello pelirojo que me miraba fijamente por encima de la barandilla
También tuve una impresión inconexa de una cara oscura, con extraordinarios ojos, cerca de la mía; pero eso pensé que era una pesadilla, hasta que la volví a encontrar
Me imagino que recuerdo alguna sustancia echada entre mis dientes; y eso es todo.
unit 2
As everyone knows, she collided with a derelict when ten days out from Callao.
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unit 6
I have the best of evidence for this assertion: I was one of the four men.
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unit 10
We pulled towards him, but he never came up.
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unit 14
We could not stand up to look about us, because of the pitching of the boat.
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unit 17
After the second day the sea subsided slowly to a glassy calm.
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unit 18
It is quite impossible for the ordinary reader to imagine those eight days.
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unit 19
He has not, luckily for himself, anything in his memory to imagine with.
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unit 21
The sun became pitiless.
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unit 23
I remember our voices were dry and thin, so that we bent towards one another and spared our words.
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unit 27
They grappled together and almost stood up.
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unit 29
They sank like stones.
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unit 30
I remember laughing at that, and wondering why I laughed.
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unit 31
The laugh caught me suddenly like a thing from without.
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unit 34
My mind must have been wandering, and yet I remember all that happened, quite distinctly.
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unit 37
She kept tacking to and fro in a widening compass, for she was sailing dead into the wind.
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unit 41
I fancy I recollect some stuff being poured in between my teeth; and that is all.
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soybeba • 2079  commented on  unit 39  5 months, 1 week ago
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carme2222 • 6300  commented on  unit 18  5 months, 1 week ago
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The Island of Doctor Moreau by H.G. Wells
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by soybeba 5 months, 1 week ago

Chapter 1: In The Dingey Of The "Lady Vain"
I DO not propose to add anything to what has already been written concerning the loss of the "Lady Vain."
As everyone knows, she collided with a derelict when ten days out from Callao.
The longboat, with seven of the crew, was picked up eighteen days after by H. M. gunboat "Myrtle," and the story of their terrible privations has become quite as well known as the far more horrible "Medusa" case.
But I have to add to the published story of the "Lady Vain" another, possibly as horrible and far stranger.
It has hitherto been supposed that the four men who were in the dingey perished, but this is incorrect.
I have the best of evidence for this assertion: I was one of the four men.
But in the first place I must state that there never were four men in the dingey,—the number was three.
Constans, who was "seen by the captain to jump into the gig," luckily for us and unluckily for himself did not reach us.
He came down out of the tangle of ropes under the stays of the smashed bowsprit, some small rope caught his heel as he let go,
and he hung for a moment head downward, and then fell and struck a block or spar floating in the water.
We pulled towards him, but he never came up.
I say lucky for us he did not reach us, and I might almost say luckily for himself;
for we had only a small breaker of water and some soddened ship's biscuits with us, so sudden had been the alarm, so unprepared the ship for any disaster.
We thought the people on the launch would be better provisioned (though it seems they were not), and we tried to hail them.
They could not have heard us, and the next morning when the drizzle cleared,—which was not until past midday,—we could see nothing of them.
We could not stand up to look about us, because of the pitching of the boat.
The two other men who had escaped so far with me were a man named Helmar, a passenger like myself, and a seaman whose name I don't know,—a short sturdy man, with a stammer.
We drifted famishing, and, after our water had come to an end, tormented by an intolerable thirst, for eight days altogether.
After the second day the sea subsided slowly to a glassy calm.
It is quite impossible for the ordinary reader to imagine those eight days.
He has not, luckily for himself, anything in his memory to imagine with.
After the first day we said little to one another, and lay in our places in the boat and stared at the horizon,
or watched, with eyes that grew larger and more haggard every day, the misery and weakness gaining upon our companions.
The sun became pitiless.
The water ended on the fourth day, and we were already thinking strange things and saying them with our eyes;
but it was, I think, the sixth before Helmar gave voice to the thing we had all been thinking.
I remember our voices were dry and thin, so that we bent towards one another and spared our words.
I stood out against it with all my might, was rather for scuttling the boat and perishing together among the sharks that followed us;
but when Helmar said that if his proposal was accepted we should have drink, the sailor came round to him.
I would not draw lots however, and in the night the sailor whispered to Helmar again and again,
and I sat in the bows with my clasp-knife in my hand, though I doubt if I had the stuff in me to fight;
and in the morning I agreed to Helmar's proposal, and we handed halfpence to find the odd man.
The lot fell upon the sailor; but he was the strongest of us and would not abide by it, and attacked Helmar with his hands.
They grappled together and almost stood up. I crawled along the boat to them, intending to help Helmar by grasping the sailor's leg;
but the sailor stumbled with the swaying of the boat, and the two fell upon the gunwale and rolled overboard together.
They sank like stones.
I remember laughing at that, and wondering why I laughed.
The laugh caught me suddenly like a thing from without.
I lay across one of the thwarts for I know not how long, thinking that if I had the strength I would drink sea-water and madden myself to die quickly.
And even as I lay there I saw, with no more interest than if it had been a picture, a sail come up towards me over the sky-line.
My mind must have been wandering, and yet I remember all that happened, quite distinctly.
I remember how my head swayed with the seas, and the horizon with the sail above it danced up and down;
but I also remember as distinctly that I had a persuasion that I was dead,
and that I thought what a jest it was that they should come too late by such a little to catch me in my body.
For an endless period, as it seemed to me, I lay with my head on the thwart watching the schooner (she was a little ship, schooner-rigged fore and aft) come up out of the sea.
She kept tacking to and fro in a widening compass, for she was sailing dead into the wind.
It never entered my head to attempt to attract attention, and I do not remember anything distinctly after the sight of her side until I found myself in a little cabin aft.
There's a dim half-memory of being lifted up to the gangway, and of a big round countenance covered with freckles and surrounded with red hair staring at me over the bulwarks.
I also had a disconnected impression of a dark face, with extraordinary eyes, close to mine; but that I thought was a nightmare, until I met it again.
I fancy I recollect some stuff being poured in between my teeth; and that is all.