en-es  Did anything happen in May 68??
Por Jan Blommaert, profesor de Lenguaje, Cultura y Globalización y Director del Babylon Center en la Universidad de Tilburg, Países Bajos.

Hace medio siglo, una ola de revuelta afectó a países tan distantes como Japón y Checoslovaquia, Alemania y los EE. UU., México y Francia. Sin duda, debido a su gran relevancia en torno al Barrio Latino de París, donde los estudiantes se enfrentaron al régimen del legendario General De Gaulle durante los disturbios de mayo y junio de ese año, los eventos fueron apodados "Mayo del 68". Y con ese nombre, los acontecimientos se convirtieron en objeto de una acalorada controversia. El 50 aniversario del mayo del 68 no será una excepción.

No pasó nada.
Como sabemos, el mayo del 68 en Francia terminó cuando De Gaulle reunió a sus partidarios y ganó las elecciones de junio de 1968 con una mayoría aplastante. Y fue el gran pensador conservador francés, Raymond Aron, quien proclamó poco después del final de la revuelta que rien ne s'est passé, realmente no pasó nada en mayo del 68. Al fin y al cavo el orden de la república de De Gaulle había sido restablecido, y tanto la burguesía como el estado policial que eran los objetivos comunes de la revuelta seguían firmemente en el poder.

Mientras esta versión de los eventos se convirtió en algo general, se añadió otra a esta. La gente como Bernard-Henri Lévy dijo que Mayo 68 fue una crisis moral y cultural, una vaga contracultura con valores indeterminados, nada más. Fue una rebelión contre el patriarcado cultural, las estructuras tradicionales (masculinas) de la autoridad y la moralidad puritana de una sociedad conservadora, y fue sobre todo, un movimiento de empoderamiento y libertad individual. Los chicos jovenes solo querían ser libres, libres de escuchar música rock, dejarse crecer el pelo y llevar pantalones vaqueros, hacer el amor, no la guerra y decir a sus padres que se metan en sus asuntos.

Esto, a ojos de los pensadores más radicalmente conservadores, había conducido a una anarquía moral, un relativismo radical de las indentidades, valores y normas y un rechazo exagerado de lo que se mantenía estable, bueno y verdadero. El mayo del 68 se convirtió en una bestia negra para la Nueva Derecha, y durante medio siglo ha sido sistemáticamente culpado de casi todo lo que salió mal en las sociedades occidentales desde la década de los 60: inmigración y multiculturalismo, feminismo, promiscuidad sexual, el uso liberal de la las drogas, la normalización de la homosexualidad, los ataques a lo que se consideraba una masculinidad robusta; en resumen, el mayo del 68 destruyó todo lo que era normal en sociedades como la nuestra. Pero aparte de eso, en realidad no había pasado nada. Al menos nada políticamente.

El mayo del 68 duró una década.
Bueno, no estoy tan seguro de eso, porque en tales descripciones de lo que sucedió en mayo del 68, solo se discute una fracción de los eventos. Una década de confusión mundial —la década de los 60 — se redujo a un par de semanas en las cuales los estudiantes (y sólo los estudiantes) lanzaron ladrillos a la policía y pintaron lemas graciosos sobre las paredes de los pasillos de su universidad. Por qué ellos hicieron esto, y por qué en tantos sitios y de este modo, son convenientemente suprimidos de la narrativa. Entonces fijémonos en algunos elementos que rodearon Mayo del 68. Veremos que en realidad duró una década.

Los estudiantes no solo pintaron eslóganes graciosos en las paredes; criticaron claramente, ruidosamente e implacablamente el sistema de poder que caracterizaba sus sociedades: el poder incorporado por De Gaulle en Francia, Johnson y Nixon en los EU y el Partido Comunista en Praga. En todos estos casos, el régimen de poder estaba conectado, abierta, fuerte e implacablemente, con la Guerra Fría que había llevado a una creciente militarización y una policía más agresiva, con millones de jóvenes reclutados para el servicio militar nacional en sus respectivos lados de separación de la Guerra Fría, y con recursos de vigilancia y represión poderosamente desarrollados dirigidos a la disidencia pública (incluso moderada). En Occidente y en otros lugares, la guerra de Vietnam se convirtió en el objeto icónico de la protesta; pero no fue el único problema.

Vietnam se hizo icónico porque fue parte de la gran ola de descolonización que caracterizó la década de los 60, y porque mostraba cómo la descolonización había sido barrida en el juego de poder de la Guerra Fría. La década de los 60 comenzó con Fidel Castro proclamando el fin del imperialismo estadounidense en Cuba, pronto seguido por el fallido intento de invasión respaldado por Estados Unidos en la Bahía de Cochinos y por la Crisis de los Misiles cubanos que hizo palpable la posibilidad de un apocalipsis nuclear en todas partes. Los imperios coloniales fueron reemplazados rápidamente por estados independientes, cuyos líderes a menudo demostraron ser reacios a entrar en relaciones neocoloniales con sus antiguos gobernantes. Mao Zedong teorizó sobre el "Tercer Mundo" como una palabra clave para definir el rechazo de los nuevos estados independientes a elegir bandos en la Guerra Fría; la intervención de los Estados Unidos en Vietnam, así como otras varias intervenciones contra los gobernantes de los nuevos estados independientes, demostraron que a los protagonistas de la Guerra Fría no les gustaban esas formas de no alineamiento. Este tipo de intervención fue llamada imperialismo por los activistas del mayo del 68 y la rechazaron. A sus ojos, los caminos alternativos (léase: socialismo) al desarrollo y la soberanía deberían, al menos, estar permitidos.

También lo rechazaron porque el imperialismo de la Guerra Fría en ultramar se reflejaba en lo que identificaron como el regreso del 'fascismo' a casa. La Guerra Fría impuso el anticomunismo como una doctrina de estado en todos los estados miembros de la OTAN, y esto tuvo consecuencias concretas. Significaba, por ejemplo, que después de las purgas de "desnazificación" de la posguerra, el reclutamiento de personal militar y de seguridad en países como Alemania y Francia ahora mostraba una preferencia por personas con fuertes simpatías de derechas (incluidos auténticos ex-nazis y colaboradores) sobre personas que estaban a favor del socialismo o el comunismo. Maurice Papon, el poderoso prefecto de la policía de París en la primera mitad de la década de los 60, fue un antiguo colaborador, pero hasta 1981 no fue condenado por su participación directa en la muerte de personas judías bajo el régimen de Vichy.

Con jefes como Papon, la policía tomó la forma de una organización militar y de inteligencia francamente orientada a destruir cada forma de acción que se pudiera interpretar como pro soviética, por remota que pudiera parecer. En otros países, occurieron procesos similares, y los objetivos de la policía autoritaria a menudo incluyó sindicatos y trabajadores en huelga, sospechosos de ayudar a la causa socialista ( directamente o indirectamente) y destabilizar la sociedad. En el Reino Unido, se introdujo una Ley de poderes de emergencia en 1964; en Alemania, se votaron leyes similares en 1968 para sofocar las protestas políticas y laborales generalizadas. La corriente general era aumentar el poder de las fuerzas del orden al tiempo que se reducían los derechos civiles de los ciudadanos (ciertamente cuando estaban organizados), y aumentar el uso de la violencia policial en casos de disturbios. La década de los 60 terminó con imágenes de televisión de las fuerzas policiales de Chicago golpeando brutalmente a jóvenes manifestantes en la Convención Nacional Demócrata de 1968 y con guardias nacionales disparando contra estudiantes en el campus de la Universidad Estatal de Kent, Ohio, matando a cuatro.

Las imágenes de televisión en esa década también incluyeron el asesinato de John F. Kennedy, Patrice Lumumba, Robert Kennedy y Martin Luther King, el tiroteo del líder estudiantil Rudi Dutschke en Alemania y de dos mineros durante una huelga en Bélgica, la autoinmolación del estudiante checo Jan Palach y varios monjes budistas vietnamitas, y un sinfín de reportajes sobre los bombardeos de los B52 estadounidenses en Vietnam del Norte. Toda la década fue de disturbios, disidencia a gran escala y violencia extrema. Mayo de 1968 fue un momento en el que gran parte de esto cristalizó en una notable forma de protesta y rebelión, caracterizada por alianzas entre estudiantes y trabajadores, hombres y mujeres, activistas urbanos y rurales, blancos y negros, intelectuales, artistas, periodistas, trabajadores y laicos.

Cada persona vio Mayo del 68.
La década de 1960 acabó con otro trozo de imágenes de televisión, visto a lo largo del mundo: el aterrizaje en la luna. Y aquí hay una dimensión que no debemos olvidar: la década de 1960 fue la década de la televisión, de una nueva cultura de medios de masas global. Y esto también ha tenido un impacto. Los televisores se volvieron un elemento habitual en los hogares de clase media y trabajadora igualmente en todo el Oeste y con los crecientes niveles de alfabetización, los diarios y las revistas prosperaron. Juntamente, el desarrollo de los nuevos medios de comunicación creó un baremo globalizado de distribución de imagen y contenido que tranformó definitivamente la cultura del siglo 20. Nada quedó fuera del alcance de los medios de comunicación ahora, incluso si eso viniera de las periferias exóticas o s de rincones oscuros del mundo.

En la década de 1960, no solo los Beatles se convirtieron en íconos globales. Mao, Castro, Che, Nehru, Nasser, el Shah y el Negus, Nkrumah, Boumedienne y Kenyatta también alcanzaron el estrellato. Lo mismo hicieron los luchadores norvietnamitas Ho Chi Minh, Pham Van Dong y el general Giap, también los activistas antisoviéticos checos Jan Palach y Alexander Dubchek; y también Malcolm X y los Panteras Negras. Una de las imágenes más icónicas de la década es la de los atletas estadounidenses negros Tommie Smith y John Carlos levantando el puño con guante negro como protesta antirracista durante la ceremonia de entrega de medallas en los Juegos Olímpicos de México 68. En el pequeño pueblo belga donde pasé mi niñez, mi maestra de primaria enganchó la foto, recortada del periódico local, en la pared de nuestra clase; estuvo allí durante meses.

Vietnam y el imperialismo de la Guerra Fría que representa se convirtieron en un foco mundial de protesta y movilización de masas no solo porque la Guerra Fría afectó (e infectó) a grandes partes del mundo. Llegó a ser icónico porque estas partes del mundo ahora estaban efectivamente conectadas por fuentes de medios de información e imágenes. Vietnam fue la primera guerra realmente mediatizada globalmente, y es por eso que se volvió la primera causa de protesta y resistencia eficazmente global y por lo cual tal protesta asumió formas similares en sitios muy diferentes... Vietnam fue el momento cuando la Guerra Fría se convirtió en un objeto de reflexión, de análisis e imaginación popular, que afectaba tanto a los asuntos globales como a los locales. ''Vietnam está en nuestras fábricas'' fue un eslogan popular entre los trabajadores franceses durante la huelga enorme que acompañó las protestas de los estudiantes en Mayo del 68.

El mayo del 68, en consecuencia, también fue un evento mediático a nivel mundial, quizás el primer ejemplo de protesta popular masiva que se mostró globalmente en Occidente, y como Vietnam, un momento en el que se conectaron puntos previamente separados. Las protestas no fueron locales; la gente abiertamente, en voz alta y sin tregua, proclamó la solidaridad internacional con los oprimidos en todas partes, tanto en las fábricas como en las ex colonias y en las selvas de Vietnam, con las mujeres, los inmigrantes y las víctimas del racismo institucional en Sudáfrica y EE. UU. Intelectualmente, los acontecimientos aceleraron el reconocimiento de voces "desde abajo" o "desde los márgenes" (defendidas por Sartre, pero también por historiadores como E.P Thompson, Eric Hobsbawm y Carlo Ginzburg y sociólogos como Howard Becker). También provocó un nuevo estudio crítico del poder -con Foucault como su principal arquitecto- e impulsó el estudio de los procesos de globalización (piense en Immanuel Wallerstein) y en las desigualdades estructurales mundiales (André Gunder Frank, por ejemplo). También sentó las bases del movimiento internacional en defensa de la paz , del movimiento contra las armas nucleares y los movimientos para el desarrollo sustentable y la sensibilización ambiental. De muchas maneras, el mundo que conocemos ahora tenía su forma al final del decenio de 1960. El efecto de mayo del 68 fue masivo, y era sobre todo, politíco.

Todo ocurrió en mayo del 68.
El mundo como lo conocemos ahora es, desde luego, en gran parte neoliberal y conservador. Y esto también cabe atribuirlo en parte a mayo del 68. Ya mencioné la reacción conservadora contra los eventos de 1968 - la reducción de los eventos a una crisis moral y cultural, una pérdida de valores tradicionales, una contracultura y todo eso. Pero hay una parte más compleja a esta historia, que puedo describir aquí solo brevemente.

El enfoque en Vietnam en mayo del 68, y el trabajo intelectual que lo rodeaba y lo siguió, marcó el fin del imperialismo clásico como doctrina viable. Fue efectivamente destruido por el desafío de la solidaridad mundial del tercermundismo ("Tercer Mundo"), enmarcada inicialmente por la teoría de la no alineación del Tercer Mundo de Mao Zedong. Pero este desafío, a su vez, hizo que el imperialismo antiguo se transformara en una amalgama de neoliberalismo y etnocentrismo. Ambos necesitaron otra década para entrar en plena vigencia, y el final de la Guerra Fría los convirtió en las piedras angulares de un nuevo orden mundial.

Mediante el neoliberalismo, los lazos neocoloniales entre el Primer y el Tercer Mundo podían ser racionalizados, despolitizados y hechos "objetivos" en la forma de relaciones puramente económicas, transacciones financieras y monetarias. Al mismo tiempo, el malestar social doméstico podría también hacerse anodino, reduciendo la lectura política de los antagonismos de clase a una lectura despolitizada de hojas de balances, eficiencia y gestión de recursos humanos. La política de desigualdad fue convertida en la economía de oportunidades iguales y libertad empresarial.
La dimensión política del imperialismo se transformó en un etnocentrismo muy moralizado, en cual la superioridad racial 'objetiva', de clase y civilización fue sustituida por sentencias de compatibilidad moral basadas en casos individuales. La gente en, digamos, El Congo o Sierra Leona ya no debería ser vista como víctima de tasas de cambio extremadamente desfavorables en los mercados mundiales y de la explotación por parte de corporaciones multinacionales que extraen plusvalía sin una retribución justa. Eran víctimas de líderes y caudillos corruptos, y los segundos -los líderes del Tercer Mundo- deberían "asumir la responsabilidad" del bienestar de su pueblo. La solidaridad mundial fue reemplazada por "no podemos resolver todos sus problemas". Y en cuanto a los inmigrantes de esos países, siempre podrían ser acusados de negarse a contribuir al progreso de su país y de no ajustarse a los códigos de las normas y valores de sus sociedades de acogida. Como Balibar y Wallerstein perfilaron a principios de la década de 1990, la lucha de clases y la teoría de la raza habían sido reemplazadas por discursos de conciliación cultural y moral más suaves, pero igualmente efectivos. Discursos similares de conciliación moral y cultural pueden ser (y son) desplegados con respecto a los problemas "domésticos" de desviación y marginación. El análisis político "duro" ha sido reemplazado por una retórica de culpa, responsabilidad y carácter.

Raymond Aron estaba bastante equivocado en su valoración del mayo del 68. Aquellos que ahora intentan reducir su alcance e impacto al rock and roll, LSD y flores en el pelo también están equivocados, al igual que aquellos que despotrican contra la "generación de mayo del 68" como los arquitectos de una sociedad de hedonistas individualistas desprovistos de cualquier respeto por los valores, tradiciones y normas. El mayo del 68 fue, ante todo, un acontecimiento político en el que se reinventaron y redefinieron muchas cosas. Las protestas mundiales pusieron al descubierto algunas de las principales fisuras y contradicciones del mundo de la posguerra; configuraron formas de acción social, política e intelectual globalizadas que marcaron el final de esa parte del siglo XX y el comienzo de la parte que se propagó al siglo XXI. El mayo del 68 fue grande, muy grande.

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And under that name, the events became the object of heated controversy.
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The 50th anniversary of May 68 will be no exception to that.
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Nothing has happened.
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While this version of the events became mainstream, another one was addded to this.
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But other than that, nothing had really happened.
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Nothing politically at least.
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May 68 was a decade long.
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So let us look at some elements that surrounded May 68.
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We shall see that it was actually a decade long.
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The entire decade was one of unrest, large-scale dissidence and extreme violence.
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Everyone saw May 68.
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And this, too, had an impact.
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In the 1960s, not just the Beatles became global icons.
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In many ways, the world as we presently know it was shaped in the late 1960s.
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The effect of May 68 was massive, and it was above anything else, political.
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Everything happened in May 68.
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The world as we presently know it is of course largely neoliberal and conservative.
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And this, too, can be partly attributed to May 68.
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But there is a more complex part to that story, which I can only briefly sketch here.
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Worldwide solidarity was replaced by "we cannot solve all their problems".
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"Hard" political analysis has been replaced by a rhetoric of blame, responsibility and character.
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Raymond Aron was quite wrong in his appraisal of May 68.
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May 68 was above all else a political event in which a lot was reimagined and redefined.
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May 68 was big, very big.
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Boot2 • 5550  commented on  unit 12  6 months, 2 weeks ago

By Jan Blommaert, professor of Language, Culture and Globalization and Director of the Babylon Center at Tilburg University, The Netherlands.

Half a century ago, a wave of revolt hit countries as far apart as Japan and Czechoslovakia, Germany and the US, Mexico and France. Certainly due to its high profile around the Parisian Quartier Latin, where students confronted the regime of the legendary General De Gaulle during riots in May and June of that year, the events were nicknamed "May 68". And under that name, the events became the object of heated controversy. The 50th anniversary of May 68 will be no exception to that.

Nothing has happened.
As we know, May 68 in France ended when De Gaulle rallied his supporters and won the elections of June 1968 by a landslide. And it was the great French conservative thinker Raymond Aron who proclaimed shortly after the end of the revolt that rien ne s'est passé - nothing really happened in May 68. The order of De Gaulle's republic had been restored, after all, and the bourgeoisie as well as the police state that were the joint targets of the revolt were still firmly in power.

While this version of the events became mainstream, another one was addded to this. May 68, claimed the likes of Bernard-Henri Lévy, was a moral and cultural crisis, a vague counterculture with unspecified values, nothing more. It was a revolt against the cultural patriarchism, the traditional (masculine) structures of authority and the puritan morality of a conservative society, and it was above all a movement of individual empowerment and liberation. Young kids just wanted to be free, free to listen to rock music, grow their hair and wear blue jeans, make love not war, and tell their fathers to mind their own business.

This, in the eyes of more radically conservative thinkers, had led to a moral anarchy, a radical relativism of identities, values and norms and an over-the-top rejection of what was stable, good and true. May 68 has since become a bête noire for the New Right, and for half a century now it has been consistently blamed for almost everything that went wrong in Western societies since the 1960s: immigration and multiculturalism, feminism, sexual promiscuity, the liberal use of drugs, the normalization of homosexuality, the attacks on what is seen as robust masculinity - in short, May 68 destroyed all that was normal in societies such as ours. But other than that, nothing had really happened. Nothing politically at least.

May 68 was a decade long.
Well, I'm not so sure about that, because in such acccounts of what happened in May 68 only a fraction of the events is discussed. A decade of worldwide turmoil - the 1960s - is reduced to a couple of weeks in which students (and only students) threw bricks at the police and painted funny slogans on the walls of their university halls. Why they did that, and why in so many places and in this way, is conveniently deleted from the narrative. So let us look at some elements that surrounded May 68. We shall see that it was actually a decade long.

The students did not just paint funny slogans on walls; they openly, loudly and relentlessly criticized the system of power characterizing their societies: the power incorporated by De Gaulle in France, Johnson and Nixon in the US and the Communist Party in Prague. In all of these cases, the power regime was connected - openly, loudly and relentlessly - with the Cold War which had led to increasing militarization and more agressive policing, with millions of young men drafted into national military service on their respective sides of the Cold War divide, and with powerfully developed surveillance and repression resources aimed at (even moderate) public dissidence. In the West and elsewhere, the Vietnam war became the iconic object of protest; but it wasn't the only issue.

Vietnam became iconic because it was part of the huge wave of decolonization that characterized the 1960s, and because it showed how decolonization had been swept up in the power play of the Cold War. The 1960s started with Fidel Castro proclaiming the end of US imperialism in Cuba, soon followed by the failed US-backed invasion attempt at the Bay of Pigs, and by the Cuban Missile Crisis that rendered the possibility of a nuclear apocalyps part palpable everywhere. The colonial empires were rapidly replaced by independent states, the leaders of which often proved reluctant to enter into neocolonial relations with their former rulers. Mao Zedong theorized the "Third World" as a catchword to define the refusal of newly independent states to choose sides in the Cold War; the US intervention in Vietnam, as well as several other interventions against the rulers of the newly independent states, proved that the the Cold War protagonists didn't like such forms of non-alignment. This kind of intervention was called imperialism by the May 68 activists, and they rejected it. In their eyes, alternative (read: socialist) roads to development and sovereignty should be, at least, allowed.

They also rejected it because the Cold War overseas imperialism was mirrored by what they identified as the return of "fascism" at home. The Cold War imposed anticommunism as a state doctrine in all NATO member states, and this had concrete consequences. It meant, for instance, that after the post-War "denazification" purges, military and security staff recruitment in countries such as Germany and France now displayed a preference for people with strong right-wing sympathies (including actual ex-nazis and collaborators) over people favoring socialism or communism. Maurice Papon, the powerful police prefect of Paris in the first half of the 1960s, was such a former collaborator, but it took until 1981 before he was convicted for direct involvement in the death of Jewish subjects under the Vichy regime.

With chiefs such as Papon, the police assumed the shape of a military and intelligence outfit outspokenly aimed at crushing any form of action that could be seen as pro-Soviet, however far-fetched. In other countries, similar processes occurred, and the targets of heavy-handed police interventions often included trade unions and striking workers, suspected of (directly or indirectly) assisting the socialist cause and destabilizing society. In the UK, an Emergency Powers Act was introduced in 1964; in Germany, similar laws were voted in 1968 to quell the widespread political and labor protests. The general current was to increase the power of the forces of order while reducing the civil rights of citizens (certainly when they were organized), and to increase the use of police violence in cases of unrest. The 1960s ended with TV-footage of Chicago police forces brutally beating young demonstrators at the Democratic National Convention in 1968 and with National Guardsmen shooting at students on the campus of Kent State University, Ohio, killing four.

TV-footage in that decade also included the assasination of John F. Kennedy, Patrice Lumumba, Robert Kennedy and Martin Luther King, the shooting of student leader Rudi Dutschke in Germany and of two miners during a strike in Belgium, the self-immolation of Czech student Jan Palach and several Vietnamese Buddhist monks, and endless reports on bombings by American B52s in North Vietnam. The entire decade was one of unrest, large-scale dissidence and extreme violence. May 1968 was one moment in which much of this crystallized into a remarkable form of protest and rebellion, characterized by alliances between students and workers, men and women, urban and rural activists, black and white ones, intellectuals, artists, journalists, workers and lay people.

Everyone saw May 68.
The 1960s ended also with another piece of historic TV-footage, seen across the world: the landing on the moon. And here is one dimension we should not overlook: the 1960s were the decade of television, of a new global mass media culture. And this, too, had an impact. TV-sets became a normal item in the homes of middle class and working class people alike all over the West, and with literacy levels rising, newspapers and magazines thrived. Jointly, the expansion of the new mass media created a globalized scale of image and content distribution which conclusively transformed the culture of the 20th century. Nothing remained outside the scope of the media now, even if it came from the exotic peripheries or from otherwise obscure corners of the world.

In the 1960s, not just the Beatles became global icons. Mao, Castro, Che, Nehru, Nasser, the Shah and the Negus, Nkrumah, Boumedienne and Kenyatta also rose to stardom. So did the North Vietnamese warriors Ho Chi Minh, Pham Van Dong and General Giap, and so did the Czech anti-Soviet activists Jan Palach and Alexander Dubchek; so too did Malcolm X and the Black Panthers. Among the most iconic images of the decade is that of the black US athletes Tommie Smith and John Carlos raising their black-gloved fists in antiracist protest during the medals ceremony at the Mexico 68 Olympic Games. In the small Belgian village where I spent my childhood, my primary school teacher pinned the photo, cut from the local newspaper, on the wall of our classroom; it was there for months.

Vietnam and the Cold War imperialism it bespoke became a worldwide focus of protest and mass mobilization not just because the Cold War affected (and infected) large parts of the world. It became iconic because these parts of the world were now effectively connected by streams of media information and imageries. Vietnam was the first truly global mediatized war, which is why it became the object of effectively globalized protest and resistance and why such protest assumed similar shapes in very different places. Vietnam was the moment when the Cold War became a globalized object of reflection, analysis and popular imagination, affecting global as well as local issues. "Vietnam is in our factories" was a popular slogan among the French workers during the enormous strike that accompanied the student protests in May 68.

May 68, consequently, was a global mediatized event as well - perhaps the very first globally shown instance of popular mass protest in the West, and like Vietnam, a moment in which previously separate dots were connected. The protests were not parochial; people openly, loudly and relentlessly proclaimed international solidarity with oppressed people everywhere, in the factories as well as in the ex-colonies and in the jungles of Vietnam, with women, immigrants and the victims of institutional racism in South Africa and the US. Intellectually, the events accelerated the recognition of voices "from below" or "from the margins" (advocated by Sartre, but also by historians such as E.P Thompson, Eric Hobsbawm and Carlo Ginzburg and sociologists such as Howard Becker). It also provoked a new critical study of power - with Foucault as its main architect - and it kickstarted the study of globalization processes (think of Immanuel Wallerstein) and worldwide structural inequalities (André Gunder Frank, for instance). It also laid the foundations for the international peace movement, the movement against nuclear weapons and movements for sustainable development and environmental awareness. In many ways, the world as we presently know it was shaped in the late 1960s. The effect of May 68 was massive, and it was above anything else, political.

Everything happened in May 68.
The world as we presently know it is of course largely neoliberal and conservative. And this, too, can be partly attributed to May 68. I already mentioned the conservative backlash against the events of 1968 - the reduction of the events to a moral and cultural crisis, a loss of traditional values, a counterculture and so forth. But there is a more complex part to that story, which I can only briefly sketch here.

The focus on Vietnam in May 68, and the intellectual work that surrounded and followed it, marked the end of classical imperialism as a viable doctrine. It was effectively destroyed by the challenge of tiers-mondist ("Third-World-ist") worldwide solidarity, framed initially by Mao Zedong's theory of Third World non-alignment. But this challenge, in turn, caused old-style imperialism to be transformed into an amalgamation of neoliberalism and ethnocentrism. Both took another decade to enter into full force, and the end of the Cold War turned them into the cornerstones of a new world order.

Through neoliberalism, the neocolonial ties between the First and the Third Worlds could be rationalized, depoliticized and made "objective" in the form of purely economic, financial and monetary transactional relationships. At the same time, domestic social unrest could be equally turned anodyne, by reducing the political reading of class antagonisms to a depoliticized reading of balance sheets, efficiency and human resources management. The politics of inequality was converted into the economics of equal opportunities and free enterprise.
The political dimension of imperialism morphed into a heavily moralized ethnocentrism, in which "objective" racial, class and civilizational superiority was replaced by individualized, case-based judgments of moral compatibility. People in, say, Congo or Sierra Leone should no longer be seen as victims of extremely disadvantageous rates of exchange in the world markets and of exploitation by multinational corporations extracting surplus value without fair return. They were victims of corrupt leaders and warlords, and the latter - the Third World leaders - should "take responsibility" for their people's well being. Worldwide solidarity was replaced by "we cannot solve all their problems". And as for immigrants from such countries, they could always be accused of refusing to contribute to their country's progress, and of not fitting in the codes of norms and values of their host societies. As Balibar and Wallerstein outlined in the early 1990s, class struggle and race theory had been replaced by softer, but equally effective discourses of cultural and moral compatibility. Similar discourses of moral and cultural compatibility can be (and are) deployed with respect to "domestic" issues of deviance and marginalization. "Hard" political analysis has been replaced by a rhetoric of blame, responsibility and character.

Raymond Aron was quite wrong in his appraisal of May 68. Those who now try to reduce its scope and impact to rock and roll, LSD, and flowers in one's hair are quite wrong as well, as are those who rant against the "May 68 generation" as the architects of a society of hedonistic individualists devoid of any respect for values, traditions and norms. May 68 was above all else a political event in which a lot was reimagined and redefined. The worldwide protests laid bare some of the major fissures and contradictions of the post-war world; they shaped modes of globalized social, political and intellectual action that marked the end of that part of the 20th century and the beginning of the part that spilled over into the 21st century. May 68 was big, very big.

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